Fanny Bussac

Los secretos de una fiscal francesa

Fanny Bussac

Con el objetivo de compartir experiencias exitosas a nivel internacional y generar un espacio de diálogo para identificar estrategias que permitan consolidar el nuevo modelo de justicia penal en nuestro país, recientemente el INACIPE organizó el congreso “Cambio cultural en el nuevo modelo de justicia penal”. Fanny Bussac, fiscal de carrera en Francia y una de las expositoras en dicho encuentro, habla en esta entrevista de los rasgos que deben distinguir a un fiscal, tema por demás relevante actualmente en nuestro país.

 

 

¿Qué virtudes debe tener un buen fiscal?

El fiscal debe poseer un amplio sentido de investigación. Es primordial que tenga claridad sobre lo que está buscando y acerca de lo que quiere probar.

Además, un buen fiscal es alguien que tiene el sentido de la argumentación. Debe ser una persona que conoce el caso que se le presenta y que sabe cómo explicarlo y cómo convencer, sobre todo a las partes involucradas en el juicio, con especial énfasis en el juez. Esos son los dos elementos clave del trabajo de un fiscal.

El buen fiscal debe lograr construir y luego convencer.

 

¿Y cómo se puede lograr este convencimiento? ¿Qué fórmula o camino debe seguir el fiscal?

En primer lugar, el fiscal tiene que convencerse a sí mismo de lo que busca al investigar un caso. Debe ser imparcial, ya que no es como un abogado de litigio, que tratará de convencer sobre una causa que no es la suya e intentará demostrar algo que, en muchas ocasiones, sabe que es falso. La imparcialidad del fiscal implica que tiene la obligación de estar seguro de lo que está diciendo y de que lo que quiere probar es la verdad —aunque sean pruebas exculpatorias—. No puede equivocarse, pero además tiene la obligación de conocer su caso a la perfección.

Otro aspecto que yo resaltaría, que podría considerarse una tercera cualidad —además de las que ya comentamos—, es que el fiscal domine el arte de la oratoria: tener la capacidad de explicar y de hablar fuerte, con toda elocuencia. Para darnos una idea, en Francia se da la particularidad de que los fiscales siempre hablan de pie, llevan toga y buscan manejar el espacio, esto es, el foro. Modulan la inflexión de su voz y manejan la manera de hablar para convencer al tribunal. Todo esto es aprendido en la escuela judicial, la Escuela Nacional de la Magistratura francesa.

 

¿Basta con que el fiscal conozca a la perfección las leyes para desempeñar su trabajo?

No, de ninguna manera. El fiscal no nada más debe permanecer en su oficina y conocer de leyes, sino también es fundamental que domine las cuestiones operativas del trabajo de investigación, de manera que pueda construir casos sólidos.

¿Cómo lograrlo? Por medio de la capacitación constante. En el sistema francés se propicia esta capacitación. Por ejemplo, en su formación en la Escuela Nacional de la Magistratura, el fiscal debe pasar una semana en un servicio de policía, una semana en la cárcel ejerciendo labores de custodio, una semana en la aduana, etcétera.

La escuela judicial cuenta con esquemas de formación inicial que tienen por objeto fortalecer la vocación práctica por el servicio de la justicia y la formación continua para mejorar la competencia técnica y la actualización legislativa, jurisprudencial y especializada.

Pero incluso si no se cuenta con capacitación especializada de manera oficial para atender un caso determinado, entonces es vital que el fiscal posea una gran curiosidad para ampliar sus conocimientos.

 

¿Cómo puede coadyuvar la sociedad en la labor del fiscal?

Sobre este punto, primero me referiré a las víctimas. En el procedimiento francés la víctima es parte en el juicio —como también sucede en México—, por lo cual puede pedir la reparación del daño y solicitar autos; por ejemplo, está en posibilidad de requerir la prueba pericial que se hizo, de que se oiga a un testigo determinado, etcétera. Y esta víctima va a tener un abogado, que puede ser especialista o no en el caso.

En ese sentido, hay asociaciones que se encargan de designar abogados especialistas a las víctimas, para que se ocupen de sus necesidades específicas. A través de esas asociaciones, los abogados especialistas ayudan a la víctima en los momentos más complicados, por lo que su papel es muy importante. Las asociaciones desempeñan un doble papel: colaboran desde una perspectiva social pero también con base en un punto de vista jurídico.

 

¿Qué importancia tiene la permanencia y la estabilidad laboral de los fiscales?

Es muy relevante. En primer lugar, es una cuestión de leyes. Entiendo que en el sistema mexicano el fiscal es seleccionado por el presidente para ocupar el cargo y, si lo tengo claro, posteriormente el parlamento será quien lo designe. En el sistema francés, de acuerdo con la ley, quien termine los estudios en la Escuela Nacional de la Magistratura sabe que va a ser fiscal o juez toda su vida: nadie lo va a quitar de un tribunal si éste no quiere irse. Sin duda, existen situaciones de movilidad, pero que tienen como base la decisión de cada persona y no son debidas a haber sido removida del cargo.

En segundo lugar, está el aspecto salarial: cuánto pagas a un fiscal para que tenga ganas de quedarse. Un fiscal francés percibe el mismo salario que un juez, e incluso gana más, porque tiene que estar de servicio por las noches y en fines de semana, por el cual cobra, todo esto regulado por la ley.

Y, en tercer lugar, tiene que ver con que el trabajo sea interesante para el fiscal. Si tu tarea diaria sólo es papeleo que no va a ninguna parte, no tienes incentivo para permanecer en tu cargo. Pero si tu labor implica que llegarás a juicio con la solución que querías, y que el juez adopte la decisión que pretendías, pues vas a tener ganas de quedarte. En cierta manera el éxito en el trabajo conlleva mayor permanencia de los equipos.

 

¿Es posible convencer al juez a través de la argumentación, pero al mismo tiempo ser breves en la investigación?

Se puede lograr el convencimiento sin necesidad de contar con una carpeta inmensa llena de papeles y documentos. Para ello es indispensable establecer, de la investigación, lo que es esencial de lo que no lo es. Sobre todo si consideramos que el tiempo de atención de un ser humano es muy corto.

Me explico. En México entiendo que no existe la figura del jurado, mientras que en Francia sí. Entonces, si el tiempo de atención de un juez no es tan amplio, el de un jurado todavía es menor.

Las personas no tienen la costumbre de sentarse durante horas y escuchar, particularmente cuando les serán leídos documentos larguísimos. Cuando un fiscal francés habla a un jurado, sabe que tiene que referir sólo las palabras, los momentos y las cosas claves para captar su atención. Asimismo, debe saber lo que es más importante, para así ser sintético en las conclusiones que va a ofrecer, de manera que sólo quedará lo esencial.

 

¿De qué forma puede el fiscal acreditar el valor de una prueba?

El valor duro de la prueba consiste en que ésta acredite un hecho. Que establezca un dato contundente. Una prueba por ADN sólo tendrá valor duro si establece un dato relevante para el caso. Pero además la prueba debe producir sentido, en el momento de ser relacionada con otras pruebas.

Si el fiscal trabajó para obtener una prueba pericial, ésta a su vez tiene que dar lógica a diferentes pruebas periciales, con la finalidad de que el vínculo entre la conducta y el hecho se entienda.

 

Se trata de unir todos los elementos para llegar al argumento.

 

Exactamente. Como ya comentamos, el fiscal es imparcial y no puede omitir ninguna prueba, pero debe entender su investigación y su caso como un esquema, para que, al rendir sus conclusiones, se establezca claramente la relación entre todos los elementos y el argumento principal.

 

¿La fiscalía debe entenderse como una institución unipersonal? Es decir, ¿el éxito en la labor de la fiscalía debe supeditarse a un fiscal excelente o depende de la estructura en la que se apoya?

La fiscalía debe actuar en equipo, siempre en equipo. Por supuesto que el valor, la capacidad y la preparación de un fiscal brindarán más valor a todo el equipo. Pero yo no creo en los trabajos unipersonales.

Hay casos pequeñitos en los que basta con un fiscal competente, quien en un cuarto de hora va a solucionarlos. Pero si hablamos de asuntos complicados, en casos de corrupción, en casos de terrorismo, siempre debe haber un trabajo colectivo, con expertos y con miradas cruzadas.

 

Por supuesto, dos cabezas piensan más que una.

Eso decimos también nosotros. Pero todo eso se hace bajo la autoridad del fiscal, en su carácter de coordinador del equipo. Además, es necesario que este jefe —el fiscal— se rodeé de un equipo inteligente y adecuado, con competencias diferentes, para tener éxito.

 

¿Qué componentes debe tener este equipo? ¿Qué especialistas deben integrarlo?

Eso depende del tipo de la infracción y del delito. No hay una respuesta única: si tienes enfrente un delito de pornografía, no te será útil el mismo equipo que para un fraude electoral.

Si hablamos, por ejemplo, de blanqueo de dinero, vas a necesitar especialistas en materia de hacienda y aduanas, de contabilidad y, seguramente, de Derecho bancario, para poder establecer adónde ha ido el dinero. Es totalmente casuístico.

Además, se debe desarrollar una cultura de los especialistas, desde una perspectiva pragmática. Cuando el fiscal comienza a ejercer su labor sabe tratar la delincuencia en general, pues hay una base de conocimiento común y una capacitación previa: conoce el código penal y el código de procedimientos.

Y luego debe adquirir un aprendizaje progresivo en el seno de un equipo, pues no se trata sólo de tener un diploma, sino de buscar tiempo de aprender, para ir especializándose en tal o cual disciplina.

Con base en esta capacitación progresiva se puede aspirar a contar con equipos de especialistas en diversas materias, además de tener fiscalías especializadas en las que el fiscal adquiera cada vez más conocimientos y aprenda de casos simples, aumentando el grado de complejidad paulatinamente.

Al final, como jefe del equipo, ese fiscal se ha hecho un verdadero especialista, lo que le permitirá que, cuando venga otro fiscal, pueda brindarle consejos y difundir el conocimiento.

 

La capacitación y la profesionalización constante del fiscal y su equipo es indispensable.

Sí, totalmente.

 


 

Fanny Bussac es fiscal de carrera en la República Francesa, habiéndose desempeñado en diferentes jurisdicciones. Fue vicefiscal de la República en el Tribunal de Grande Instance de Bobigny. Actualmente, es coordinadora de capacitación y facilitadora de la unidad de justicia penal en la Escuela de la Magistratura Nacional francesa, pero desea volver a la persecución de delitos en un par de años.

 

5559-2250 / 5575-6321 / 5575-4935 - Aviso de Privacidad - Términos y Condiciones

Revista El Mundo del Abogado