Hérmes Bohórquez

Una apuesta por la educación de calidad

Hérmes Bohórquez

En el número 72 de la calle de Cracovia, en San Ángel, Ciudad de México, se encuentra un instituto de reciente creación dedicado a los temas coyunturales que trajo consigo el nuevo sistema de justicia penal; sin embargo, no se limita a eso, pues también dedica mucho de su tiempo a abordar los temas correspondientes a la dogmática penal y el amparo, derivado del quehacer cotidiano de sus fundadores y colaboradores principales. Hérmes Bohórquez, director de Instituto HÈBO —cuyo nombre deriva del acrónimo de su titular— nos habla de la idea que hay detrás de esta institución.

 

 

¿Cuál es el fundamento que da origen a HÈBO?

HÈBO nace en una sociedad que originalmente atendía asuntos jurídicos de manera privada y migra su objeto a la educación especializada en ciencias penales, con la idea de crear un lugar para el estudio y la discusión de los grandes temas del Derecho penal, primordialmente de las ciencias penales y el amparo.

 

¿Cuál es la misión de HÈBO?

Impulsar una educación diferente, de calidad. ¿Cómo podemos lograrlo? Con una educación continua, donde el alumno tenga como principal objetivo el estudio en un contexto ético.

 

¿Qué tipo de educación ofrece?

Principalmente nos enfocamos en el Derecho penal, en los posgrados, en las maestrías, en los cursos específicos que abordan temas más complejos. Por ejemplo, observamos los asuntos relevantes que resuelve la Suprema Corte de Justicia de la Nación, así como los tribunales y los juzgados, y la crónica de las jurisprudencias que marcan las pautas de la sociedad.

 

¿También tienen estudios de caso?

Así es. Nuestros profesores son magistrados, muchos de ellos jueces y profesionales que se desenvuelven en el ámbito jurídico, y cuya principal virtud es su vocación por la imparcialidad.

Con nuestro sistema, el estudiante accede a una educación derivada del mundo real: el mundo del conocimiento. Y en este mundo del conocimiento nos adentramos para enseñarle al alumno a estudiar.

Por eso, en este instituto el perfil del estudiante se puede concentrar en la persona que, más allá de pretender obtener un documento, o de aparentar una capacitación, desea ser capacitada y conocer más, tiene un espíritu crítico y receptor, y sabe que un conocimiento valioso debe difundirse en beneficio de la sociedad a la que pertenece.

Además, nos interesa que, si ese estudiante abraza la vocación jurídica, sea ante, todo un ser dotado de valores, que sirva a la institución a la que pertenezca, que sea independiente de criterio y, llegado el momento, que no le tiemble la mano para tomar una decisión justa.

 

El Instituto HÈBO ¿es una empresa o es una escuela?

Es una escuela, indiscutiblemente, que surge con el objetivo de descubrir a los mejores postulantes, a los mejores maestros, pero también a los mejores alumnos.

El instituto nació con la intención de atraer la calidad, la mejor enseñanza y los jueces más distinguidos, sobre todo catedráticos y abogados que deseen transmitir sus conocimientos y sus experiencias con generosidad.

 

¿A qué aspira HÈBO? ¿Cuál es su referente?

Cuando reflexionamos acerca de cuáles son los modelos educativos que debíamos emular, nos concentramos en aquellos que han producido profesionistas de éxito en el ámbito mundial. Sin soslayar que todos los países tienen universidades e institutos muy importantes, descubrimos que Harvard posee un método de enseñanza que produce el mayor número de presidentes en el mundo; que Oxford engendra muchos secretarios de Estado; que Heidelberg, en Alemania, genera muchos premios Nobel. En Alemania se encuentra el Instituto Max Planck que tiene gran fama mundial, y cuyo sistema educativo se sustenta, entre otros aspectos, en la investigación.

De esos tres modelos destaca su método de estudios de casos, donde el profesionista aprende a resolver juicios con herramientas muy estructuradas basadas en el conocimiento de las doctrinas y las teorías sobre el objeto de conocimiento, para desarrollar experiencias en el ejercicio profesional con base en un nuevo paradigma del Derecho.

De manera que con esos modelos, y siguiendo el ejemplo del Instituto Max Planck, nuestra idea fue crear un instituto en México que, a partir de repensar el Derecho, logre reestructurar o redireccionar la enseñanza para producir profesionistas en materia penal eficaces y eficientes en la resolución de casos específicos.

En México también tenemos buenos referentes, como El Colegio de México, el Centro de Investigación y Docencia Económicas, el Instituto Tecnológico Autónomo de México y el Instituto Nacional de Ciencias Penales, que son instituciones de enseñanza de mucha valía.

 

¿HÈBO colabora con otras instituciones?

El Instituto HÈBO trata de tener aliados. Por ejemplo, algunos profesores que colaboran con nosotros, también son dueños de otros institutos. Queremos formar un gran ensamble; así como ocurre en los grandes temas internacionales, en las grandes sociedades o en las grandes uniones económicas, deseamos ensamblar a los mejores expertos, sin importar que sirvan a otros institutos.

En este sentido, creemos que la enseñanza es responsabilidad de todos. Las instituciones deben actuar en franca coadyuvancia, con un compromiso social. En ese tenor, el Instituto HÈBO y la Universidad de Salamanca suscribieron un convenio de colaboración, para que esta última, en su sede de la Ciudad de México, imparta un máster de política criminal dirigido a estudiantes latinoamericanos.

Asimismo, otras instituciones de enorme prestigio se han acercado a nuestro instituto para formalizar convenios de colaboración, incluso de carácter editorial. Estamos en vías de firmar diversos acuerdos con institutos de gran prestigio académico, como la Universidad George Washington, para establecer diversos programas sobre temas electorales, así como con otras instituciones, para organizar seminarios sobre delincuencia organizada y sobre operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Con la Universidad Católica de Perú estamos organizando conferencias sobre anticorrupción a través de jueces latinoamericanos y mexicanos. Todo esto con la finalidad de que estos cursos se puedan instrumentar en el Instituto HÈBO. Tenemos también un claro acercamiento con la Academia Mexicana de Ciencias Penales, así como con escuelas judiciales, tanto de índole federal como local, con un propósito firme: amalgamar e integrar a todas esas instituciones en un fin común.

 

Durante 2008 hubo un auge de escuelas que se enfocaron no en generar conocimiento, sino en vender cursos de litigación, con el fin de aprovechar la coyuntura que generó el proceso de la nueva reforma judicial. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Estoy totalmente en desacuerdo con esas instituciones que lucran con el conocimiento. A casi 10 años de la reforma constitucional en la materia debemos analizar el papel de esas instituciones a las que alude: cómo fueron creadas, cómo se desarrollaron y qué han producido.

 

¿Cuál es el perfil docente?

Buscamos un perfil de alta calidad. Cuando se trata de Derecho penal en México, sabemos perfectamente qué docente es el que emplea mejores técnicas pedagógicas: no por ser el mejor litigante se es el mejor docente; y no por ser el mejor juez se es el mejor docente. Sabemos quién se caracteriza por sus buenos métodos pedagógicos.

Han estado presentes maestros de la talla de Enrique Díaz Aranda; de la calidad de Carlos Daza Gómez, Verónica Román Quiroz y Rubén Quintino, que dan clases de teoría del delito, de argumentación jurídica; también han estado presentes excelentes jueces en materia de amparo que también han sido docentes universitarios de reconocido prestigio. Amalgamar el dogma y el pragma es lo que conforma un liderazgo en educación. Se trata de encontrar y de contar con los mejores docentes en cada uno de los programas de posgrado.

 

¿Qué opina de la producción de investigación científica?

La investigación requiere muchísimos años y a lo mejor va a redituar muy poco, al menos económicamente. ¿Qué pretendemos de la investigación jurídica? Dado que la mayoría de nuestros profesores también son investigadores jurídicos, lo que nos proponemos es que, con nuestro apoyo, el alumno de hoy sea un líder mañana.

 

¿HÈBO tendrá un sello editorial propio?

Ése es un gran reto. Hemos tenido un acercamiento con muchas revistas, e incluso con empresas editoriales. Conocemos la gran complejidad que implica editar un libro. Desarrollar una línea editorial evidentemente es algo que tendríamos que hacer; no de manera mediata sino inmediata, para dar oportunidad de que diversos autores, que hoy son referentes en la materia jurídica, publiquen su obra. Sería muy interesante tener una revista de carácter científico en la que se pueda desarrollar el debate jurídico para un público netamente jurídico.

 

Además de los cursos y los seminarios que ofrece el Instituto HÈBO, ¿éste será un lugar de estudio, de consulta, de intercambio académico que no requiera una convocatoria específica?

Hoy en día ya subimos cápsulas educativas a los canales de YouTube que son vistas en Facebook, en Twitter y en otras redes sociales. Subimos por lo menos dos a tres cápsulas y una entrevista a la semana. Además, tenemos programados 12 seminarios en los cuales van a participar de tres a cinco profesores en cada uno.

Tenemos también foros de debate. El último versó sobre el sistema anticorrupción y acerca de cómo se aplica la ley en México.

Nuestra idea es conformar una de las bibliotecas especializadas, principalmente de Derecho penal, más importantes del país, a la cual se pueda acceder desde cualquier parte del mundo. También pugnamos por encontrar, a través de la ciencia, un lenguaje simple y sencillo mediante el cual cualquier persona pueda tener acceso al conocimiento del Derecho penal.

 

La redignificación de los profesores era el sueño de Franco Guzmán, de Carrancá y Trujillo, de Porte Petit y de Luis Jiménez de Asúa. Era una aspiración que sigue vigente.

La redignificación de los profesores no sólo significa la posibilidad de pagar lo que corresponda a su dedicación, sino la posibilidad de que se desarrollen en el plano académico, y de compartir con otros países su formación, su experiencia. Entonces, contar con profesores que tengan un espacio de desarrollo intelectual y profesional en el Instituto HÈBO es muy importante, tanto para ellos como para nosotros.

 

¿Cuáles son los principales retos de HÈBO?

Ofrecer una educación de calidad para los jóvenes de México. Queremos formar un estudiante diferente, en un ámbito de estudio completamente distinto. No deseamos que nuestros alumnos se queden estancados. Tratamos de inyectarles esa chispa para que sigan preparándose, para que lleguen a ser líderes, jueces, ministros, grandes abogados o buenos académicos.

 

¿Cómo vislumbra a HÈBO en 10 años?

Será un instituto que tendrá un reconocimiento por su nivel educativo de excelencia. Lo vemos con muchos alumnos, lo vemos como una institución grande. Tenemos la capacidad para que así sea.

  


 

 

El Instituto HÈBO se ha propuesto ser un referente nacional e internacional en las distintas materias que abarcan las ciencias penales. Un referente para el Derecho penal como lo es para los penalistas el Instituto Max Planck, en Alemania. Así, sin reparos y sin falsas modestias, fija su objetivo.

Para cumplir con esa expectativa, el Instituto HÈBO ha convocado a los mejores especialistas en la materia. No ha centrado sus esfuerzos en contratar personalidades de dudosa fama que, sin haber litigado en el sistema recién sustituido, ni haberlo vivido de cerca, lo critican amargamente y además ofrecen un nuevo sistema sin estar capacitados para entenderlo.

Por el contrario, el Instituto HÈBO cuenta con auténticos expertos en ciencias penales de una solidez a toda prueba y con obra reconocida, además de que incorpora a jueces de gran experiencia en el ámbito penal.

Finalmente, cuenta con las instalaciones apropiadas para cumplir con su objeto, sin la improvisación que suele prevalecer en otros institutos que, en instalaciones poco dignas, modifican recámaras y salas de estar para convertirlas en aulas mal equipadas, a todas luces inadecuadas para el proceso de enseñanza-aprendizaje, de manera idónea. Entre sus paredes se forjará paulatinamente la historia de quienes hayan desfilado por sus aulas.

 

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