Juan Francisco Torres Landa

Por qué es importante el trabajo pro bono

Juan Francisco Torres Landa

Juan Francisco Torres Landa, secretario general de la organización México Unido contra la Delincuencia, ha desarrollado una incansable labor para vincular a la sociedad con las autoridades en favor de la seguridad, la creación y la aplicación de programas de prevención del delito, seguridad pública y procuración de justicia. En esta entrevista nos habla de Estándares Pro Bono México, movimiento que busca establecer las bases para estandarizar el concepto de trabajo legal pro bono en nuestro país, iniciativa de la que también forma parte.

 

 

 

¿En qué consiste el trabajo pro bono?

“Pro bono” significa por el bien común. Quiere decir que hay una obligación subyacente en lo que hacemos todas las personas, pero los abogados en particular, de procurar el bien a nuestro alrededor.

Hablando de los estudiantes, es muy importante que se entienda cuál es una de las razones fundamentales por las que alguien estudia Derecho y eventualmente se pueda convertir en abogado; por supuesto que una parte es ejercer la carrera para obtener una remuneración y alcanzar un modo de vida, eso es perfectamente compatible con un fin lícito; pero hay algo más que sólo generar honorarios o ser pagados por nuestro trabajo.

 

¿Por qué es tan importante fomentar esta práctica entre estudiantes y abogados?

Cumplimos un rol fundamental en el funcionamiento armónico de la sociedad; eso se traduce en hacer que lo que estudiamos —procurar justicia, dar a cada quien lo que le corresponda, garantizar la aplicación de leyes y establecer un verdadero Estado de Derecho— se traduzca no sólo en una referencia genérica, sino en la aplicación diaria en casos que llegan a nuestro conocimiento.

Lo podemos hacer en temas por los cuales somos remunerados, pero hay que reconocer que vivimos en un país con enormes disparidades, que tenemos 62 millones de pobres, 12 millones de los cuales no saben si el día de hoy van a comer; de ese nivel es la polarización que tenemos hoy en día en nuestro país.

No se trata de convertirse en héroes ni de hacer grandes declaraciones; se trata de incidir en aquellos casos en los cuales justamente podamos, con ese pequeño granito de arena, influir en un cambio importante en la dinámica del país, y que lo hagamos con gusto.

 

¿Cuál es la responsabilidad de las universidades en este tema?

Deben impulsar a las nuevas generaciones de abogados para que crezcan con la idea de que el trabajo pro bono no es una cuestión accesoria, sino un tema principal de las razones por las que aspiran a ejercer y a convertirse en abogados.

 

¿Cómo surgen los Estándares Pro Bono México?

Si bien es cierto los esfuerzos aislados son loables y son reconocibles, si no se conforman con base en un criterio uniforme y bajo una suma capacidades, la incidencia que puedan tener será mucho más limitada.

Hubo voces que justamente se sumaron para decir: hagamos algo que tenga peso, generemos estándares que fijen un criterio riguroso acerca de cómo se debe realizar este trabajo, de qué manera se deben tomar los casos, cuáles son los principios rectores para desarrollarlos y cómo reportar sus resultados.

Esto proporciona un sentido mucho más transversal y de mucho mayor impacto que si tratas de hacerlo de manera segmentada o dispersa, como se vino haciendo durante mucho tiempo.

Los estándares dan solidez, sustento y permanencia a que estás buenas voluntades encuentren un cauce para que sean mucho más eficientes. Determinan cómo te puedes sumar al compromiso, cuáles son las actividades que debes desarrollar, quiénes son las distintas instituciones que deben tener el impulso necesario y, finalmente, cómo establecer los parámetros de referencia y cómo medir resultados.

 

¿Cómo se construyó este proyecto?

Lo que hicimos fue determinar cuáles son las condiciones mínimas necesarias para que el sistema funcione y funcione bien; no se trataba de elaborar un documento extenso, inentendible y, a lo mejor, poco eficiente; sino fijar cuáles son los criterios más importantes para que los esfuerzos sean eficaces.

Por ejemplo, algunas cosas que se hicieron fue delimitar cuáles son las actividades que se consideran realmente pro bono y cuáles otras a lo mejor son buenas o son deseables en otro contexto pero no necesariamente forman parte de la actividad esencial del pro bono.

No se trata de discriminar, pero si queremos ser eficientes debemos delimitar nuestro campo de acción y saber dónde vamos a enfocar nuestros esfuerzos.

 

¿Por qué medios es posible conocer más de esta iniciativa?

Hemos distribuido un tríptico en el que, de una forma muy sintética, se establece cómo son estos estándares. La idea es que esto encuentre mayor difusión. Tenemos una página en internet www.estandaresprobono.mx— para que a través de las bondades de la red haya una difusión lo más amplia posible.

Hay declaraciones de suma a estos estándares y a la red pro bono; lo hemos hecho ya varios despachos de abogados. Hay universidades que también se sumaron, así como los tres principales colegios de abogados a nivel nacional.

Ya hay una base importante para multiplicar, pero aún falta mucho: faltan universidades en el resto de la República, faltan despachos de cobertura geográfica regional; todos ellos serán más que bienvenidos.

 

¿Cómo sería el mecanismo para sumarse a la red pro bono?

Para ingresar a la red pro bono es necesario establecer contacto con la Fundación Appleseed —www.appleseedmexico.org—, que es quien organiza la red. Una vez sumados se les tiene identificados para saber dónde están, qué materias manejan, qué disponibilidad tienen para ayudar, y entonces empezarían a recibir casos específicos que se distribuyen a través de la red.

 

¿Cómo evaluaría el desempeño de esta actividad en nuestro país?

Hay esfuerzos muy bien sustentados. Por citar uno de ellos, el de la Fundación Barra Mexicana, que sigue siendo una de las instituciones más claramente comprometidas y con mejores resultados en la materia. La fundación ha tenido un impacto muy importante, durante muchos años. De lo que se trata es justamente de replicar este ejemplo a nivel nacional.

También está el caso de la Fundación Appleseed, una institución que, con vínculos en el extranjero, tiene una metodología y una forma de hacer que las necesidades se canalicen y sean atendidas por expertos.

Pretendemos que a través de la red pro bono, en la cual se integran todos estos esfuerzos aislados, crezcamos en potencia y en capacidad.

 

Entonces la ruta sería fomentar una convicción de trabajo pro bono

Convicción que, dicho sea de paso, no debería costar mucho trabajo obtenerla. Se trata quizá sólo de encauzar la intención de muchas personas que lo quieren hacer, porque a lo mejor antes esas buenas intenciones se diluían en el día a día o se perdían ante la imposibilidad de saber cómo dedicar el tiempo.

Si tenemos una cámara de compensación que nos diga cuáles son los expertos en a, b y c, logras que el resultado final sea de mucho mayor impacto, de mayor eficiencia y de mayores beneficios para quienes tienen la necesidad; en vez de decir: el amigo de mi primo a lo mejor sabe algo. Ahí se diluiría la calidad y la eficacia del servicio.

Con esta estructura se pretende dar mayor atención al mayor número de casos y mayor calidad en los resultados.

 

Usted se ha caracterizado por realizar trabajo pro bono. ¿Podría compartirnos alguna anécdota y decirnos qué es lo más gratificante de realizar esta actividad?

Ejemplos hay muchos. Me enorgullezco de participar en varias ONG’s; una de ellas es México Unido contra la Delincuencia, donde puedes ver que las víctimas de delitos buscan a alguien con quien hablar, porque muchas veces se encuentran perdidas ante la imposibilidad de saber cómo asesorarse, porque no están preparadas para enfrentar esos retos.

Dependiendo el caso es la magnitud de la asesoría; los minutos, las horas o los días que le dediques hacen una diferencia para las personas. La gratitud que se recibe es un pago mucho mayor que el que puedes obtener en tu vida diaria, porque te vuelves experto en algunas materias y no aprecias que hay otras realidades u otras necesidades que el trabajo pro bono permite atender.

 

Aparte del trabajo pro bono, ¿qué otros proyectos se podrían incentivar para garantizar el acceso a la justicia?

El ingrediente en el que insistiría se llama cultura de la legalidad. Creo que para aspirar a un verdadero Estado de Derecho en nuestro país necesitamos meternos en la cabeza que vivir dentro de la ley, y no al margen de la misma, es algo que nos conviene.

No es un simple mandato de decir: cúmplase la ley y listo; más bien lo que hay que ejemplificar y aterrizar es por qué en la vida diaria conviene cumplir con la ley, rodearnos del marco jurídico y hacerlo valer a nuestro favor.

Hemos tenido participaciones específicas en grupos sociales que están notoriamente marginados.

 

¿Podría darnos un ejemplo?

En Iztapalapa había un par de colonias en las cuales nadie pagaba la luz, todos estaban colgados con diablitos. Revisando el porqué de esa situación, resulta que ellos se dolían de que, por la forma en que estaban conectados, había una enorme cantidad de altibajos en los voltajes y una buena parte de su patrimonio, que estaba en los electrodomésticos, se echaba a perder. Y eventualmente terminaban con la imposibilidad de reclamar garantías.

Platicamos con ellos y les sugerimos ubicarlos en el marco de la ley; se midió su consumo, se pusieron en regla y se hizo que sus conexiones fueran regulares; de esta manera eliminaron los altibajos. Así, cuando tuvieran un problema, podrían reclamar a la Comisión Federal de Electricidad, porque están cumpliendo con la ley.

Una parte interesante de esta anécdota es que, de todas las personas, una no podía pagar y la colectividad, para cumplir al 100 por ciento, determinó que ellos pagarían, porque aquélla no estaba en condiciones de hacerlo.

Esto, que a lo mejor puede parecer intrascendente, es importante porque la comunidad entendió que lo mismo podría suceder con las autoridades locales. Se inicia un ciclo muy favorable en el cual la ciudadanía entiende, no por imposición, sino por convicción, que es bueno estar en el marco de la ley, que eso empodera y habilita para ser exigentes.

Ese cambio es el que aspiramos se pueda multiplicar en todo el país.

 


 

Juan Francisco Torres Landa Ruffo es licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, con posgrado en Derecho fiscal por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestría por la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard.

Se ha especializado en materia civil, mercantil y corporativa, así como en financiamiento de proyectos y adquisiciones, inversiones extranjeras, comercio exterior y arbitraje. También atiende asuntos migratorios, ambientales, mineros, de competencia económica, de tributación de no residentes y de telecomunicaciones.

Es socio director de la firma Hogan Lovells en México y secretario general, desde 2005, de la organización México Unido contra la Delincuencia, la cual ha atendido a más de 9,000 víctimas de los delitos de secuestro, extorsión, violación, homicidio y trata de personas.

 

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