El color de las prendas que vestimos como herramienta para potenciar nuestra imagen

El color de las prendas que vestimos como herramienta para potenciar nuestra imagen

 

La elección del color de las prendas y su combinación es un factor que debemos tener presente si queremos utilizar el color como un recurso potenciador de nuestra imagen. No todos los colores favorecen por igual a unas personas y a otras. Lo anterior es así porque cada persona tiene una tonalidad de piel, un color de ojos y de cabello, y, fundamentalmente, en función de los colores de todo eso, nos favorecerán más unos u otros.

 

 

Uno de los pilares de nuestra asesoría de imagen profesional es precisamente el estudio de color, mediante el cual sabremos si una persona es de armonía fría o cálida, esto es, si le favorecen más los colores fríos o los cálidos. De este modo la persona asesorada podrá escoger en sus compras los colores que más resalten su rostro y su expresividad.

La rueda de color (véase la figura) nos muestra el conjunto de colores fríos y cálidos. Conociendo los colores entran en juego dos conceptos importantes: la armonía y el contraste. Con el primero de ellos hacemos referencia al uso de dos colores que en la rueda de color están juntos. El contraste se refiere a la combinación de colores que están opuestos en esa rueda; por ejemplo, el azul y el naranja.

Para configurar las combinaciones de color de nuestras prendas la rueda de color puede ser de gran ayuda. Por una parte, podemos escoger colores que se encuentren uno al lado del otro en la rueda (incluso podemos vestir de un color siempre que utilicemos sus diferentes tonalidades). Por otra, tenemos la opción del contraste. Son las opciones más acertadas y más efectivas. No utilizaremos los conceptos correcto o incorrecto, puesto que hay combinaciones en principio “difíciles”, pero que seguramente gustarán a algunas personas. Así, un contraste máximo se consigue asociando un color y su opuesto. Eso sí, se deben evitar más de tres colores, pues estaríamos en riesgo de parecer unos bufones.

Como decíamos, en función de nuestra tonalidad de piel, color de ojos y de cabello, todos pertenecemos a una armonía de color fría o cálida. Esto significa que es muy aconsejable y favorecedor que, por ejemplo, una persona de armonía fría utilice diferentes tonalidades de azul. ¿Dónde? Fundamentalmente en la zona del cuello y el pecho, la más cercana a nuestro rostro, y, obviamente, en la que debemos centrarnos para resaltar nuestra expresión. En las imágenes vemos varios ejemplos que ilustran la armonía de colores cálidos, la armonía de colores fríos y el contraste de colores fríos y cálidos.

Una consideración importante: el uso de los colores de cada prenda debe tener su origen en nuestro propio cuerpo. Las personas de piel y cabello claro tienen muy poco contraste y, por ese motivo, es aconsejable que combinen colores pastel con un elemento fuerte, un color con mucha luminosidad como el azul claro. En cambio, quienes tienen la piel clara y el cabello oscuro su contraste es mucho mayor y pueden combinar el beige y el azul, por ejemplo.

Es aconsejable que las personas que poseen una tonalidad de piel clara eviten colores muy oscuros como el azul noche o el azul marino y los muy vivos como el rojo intenso. Por el contrario, las personas de tez morena o de pelo oscuro lucen especialmente con colores de tonos más oscuros, en sintonía con su color de piel.

Más allá de los colores, no olvidemos un concepto muy importante: el estilo. Si por estilo entendemos “gusto, elegancia o distinción de una persona o cosa”, es bien cierto que nuestro estilo debe ser una exteriorización de nuestra personalidad. Por ejemplo, si somos personas clásicas nuestro estilo debe ser acorde con este concepto, puesto que difícilmente una persona tradicional sería ella misma si vistiera de cuero, con botas militares y se hiciera una cresta multicolor en su cabeza. Sirva este ejemplo (algo exagerado) para remarcar una idea fundamental: el modo en que vamos vestidos es una fuente de información que dice mucho de nosotros mismos.

En este punto también es importante saber que, dependiendo de la situación, nuestro modo de vestir puede ser muy diferente: hay momentos para los trajes y hay momentos para los jeans. En algunos contextos, incluso, nuestro estilismo estará supeditado a ciertas normas de protocolo. Asimismo, dependiendo de nuestro círculo laboral y social adaptaremos nuestro código de vestimenta, puesto que hay ámbitos más rígidos que otros y también meses del año en los que los códigos y las exigencias se relajan.

Además del estudio de color realizamos análisis de morfología, el segundo pilar fundamental en la asesoría de imagen, que abordaré en un próximo artículo. Analizaré los diferentes tipos de morfologías humanas. Con esta información podremos potenciar y minimizar los aspectos de nuestro cuerpo que lo requieran para sacar el máximo partido a nuestra imagen.

 

 


 

 

* Licenciado y doctor en comunicación, y maestro en imagen pública y alta sastrería.

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