Sin literatura no hay Derecho

Sin literatura no hay Derecho

Gerardo Laveaga (coord.)

El Colegio Nacional/Tirant lo Blanch, México, 2017

 

 

Aquellos abogados que gusten de la literatura hallarán en este libro un boccato di cardinale. Reflexionar sobre el impacto que ha tenido en nuestro marco jurídico El proceso de Kafka; El mercader de Venecia, de Shakespeare, o Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, nos da ocasión de aventurarnos a lo mejor de la literatura y el Derecho.

Ninguna obra es inocente. Novela, poesía y ensayo son interpretaciones del mundo. Como tales, se conforman como parte de los grandes relatos que construyen las creencias que fundamentan el entramado social. Como dice Nietzsche: “No hay hechos, sólo interpretaciones”.

Nacer, tener hijos, cultivar un terreno, matar, violar o defraudar sólo cobran sentido cuando la sociedad determina una consecuencia para estas conductas. Que una mujer no pudiera votar en México antes de 1952 o que un niño afroamericano pueda ir a clases con un niño blanco en la Alabama del siglo XXI nos habla de cambios en la interpretación de los hechos, cambios en los que la literatura ha jugado un papel primordial.

De aquí que la literatura se encuentre intrínsecamente relacionada con las ciencias sociales pues, desde distintos ámbitos de estudio, pretende dar respuestas a la conformación y al orden social. Como refiere Luis Arroyo Zapatero en su colaboración Narrar el mal para prevenirlo, “la literatura fija la cultura”. Pero, además, la transforma.

A partir de esta óptica, en el marco de la Colección Derecho y…, de El Colegio Nacional y la editorial Tirant lo Blanch, a cargo de José Ramón Cossío, Gerardo Laveaga coordinó el libro Sin literatura no hay Derecho, que reúne 32 textos de académicos, notarios, litigantes y literatos.

La vinculación entre literatura y Derecho se halla presente en cada colaboración. En Kafka y la ciencia jurídica, por ejemplo, Ángel Gilberto Adame advierte cómo es que El proceso critica el uso de la ley como un objeto para legitimar el poder y aprisionar al ser humano: “A lo largo del relato […] la función normativa del Derecho ya no prescribe un actuar determinado, sino una especie de acuerdo que involucra sólo a quienes manifiestan una obediencia ciega a las jerarquías indeterminadas que configuran el tribunal, aun ignorando sus motivos”.

José Mario de la Garza Marroquín, presidente de la Barra Mexicana, sostiene que el “Derecho existe en un plano distinto al de la realidad social”. En su texto analiza el cuento de Elena Poniatowska De noche vienes, para relatar cómo es que la lógica de la de la norma jurídica durante la acusación de los delitos se enfrenta a una realidad desconcertante.

Pero no todos los ensayos compilados critican la ciencia jurídica. También advierten que la “literatura es una herramienta poderosa que permite tocar, a su manera, causas profundas de los fenómenos sociales” y permite fortalecer y entender mejor el Derecho

El artículo de Armando González Torres, Un idilio difícil, arguye que tanto la una como la otra abordan el conflicto entre individuos. Sin embargo, la naturaleza de la literatura permite mayor flexibilidad, riqueza de matices y sorpresas morales en el manejo de conflicto.

Miguel Carbonell optó por el enfoque didáctico y sostiene que un buen abogado debe tener la capacidad de escribir fluida y claramente. Ésta es la primera y más importante lección que la literatura brinda al Derecho, concluye. Con ella, el abogado adquiere habilidades comunicativas que fortalecen y consolidan su actividad jurídica, pues el lenguaje es el principal vehículo de conocimiento e interpretación de la ciencia jurídica.

Sergio García Ramírez participa en la discusión con base en la idea de la muerte. Aborda el tema tanto en el ámbito literario como en el jurídico, para recordar al lector que, tanto en el Derecho como en las letras, el tópico encanta, asusta, atrae y enseña.

Es así como, a partir de distintos focos y de diversas temáticas, los autores generan una visión integral de las diferentes interrelaciones entre ambos conocimientos, e inciden en tópicos convergentes, donde sexo, historia, economía y sus problemáticas se abordan bajo dos caras del lenguaje que se entrecruzan, se complementan y se critican.

En la obra participan, asimismo, Eber Betanzos, Carmen Boullosa, Ricardo Guzmán Wolffer, Mónica Lavín, Alberto Mansur, Alberto Nava, Santiago Nieto, Andrés Roemer, Ulises Schmill, Manuel Villalpando y Jorge Volpi. Una participación que merece resaltarse es la de Sergio González Rodríguez, pues éste es el último artículo que escribió. Murió tres días después de entregarlo.

Sin literatura no hay Derecho significa repensar la realidad, la interpretación y el lenguaje; comprender la ciencia jurídica, cuestionarla y complementarla. Gerardo Laveaga coordinó un libro polémico y multidiverso que conforma un panorama integral de los fenómenos de interrelación entre el Derecho y las letras.

 

 

 

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