Raúl F. Cárdenas Rioseco

Raúl F. Cárdenas Rioseco

 

El muy reciente fallecimiento de nuestro querido Raúl F. Cárdenas Rioseco ha cimbrado al mundo jurídico mexicano.

 

 

Cárdenas fue muchas cosas: abogado civilista en sus inicios profesionales; posteriormente se convirtió en uno de los más grandes y exitosos postulantes en la materia penal en nuestro país; por sus méritos y puntual participación, fue electo en su oportunidad como coordinador de la Comisión de Derecho Penal de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, A.C., donde realizó un inmejorable papel, que se sigue palpando a la fecha; en 2016 ese Colegio de Abogados le confirió, ni más ni menos, el Premio Nacional de Jurisprudencia; se constituyó en miembro de número de la renombrada Academia Mexicana de Ciencias Penales; su producción literaria no fue menos notable, pues es autor de no menos de 15 obras jurídicas relacionadas con temas penales, que a la fecha siguen siendo de vanguardia.

Así, se convirtió en uno de los principales ideólogos de nuestro moderno Derecho penal. Sus aportes a las disciplinas jurídico-penales sin duda serán perdurables. La vida y la trayectoria de Raúl es materia ideal para un homenaje de los penalistas más connotados de nuestro país. En sus bien conocidas y siempre exhaustivamente documentadas obras jurídicas, con las que nos regaló, reside, a mi juicio, uno de los mejores legados de Cárdenas Rioseco para nuestro tiempo, sobre todo porque habría que considerar que lo que plasmaba en ellas era fruto de lo que a su vez reflejaban sus múltiples e intensas vivencias en los tribunales de la República. En lo anterior residía su grandeza como litigante, además de que lo convirtió en un penalista muy completo y de excepción, por la no sencilla simbiosis de tratadista-postulante.

Lamentablemente, con su irremediable tránsito, no sólo el país, sino los que todavía ejercemos la nobilísima profesión de la abogacía, hemos perdido a un gran luchador en las complicadas lides de la justicia. Se nos ha ido el gran penalista de los últimos tiempos.

Raúl F. Cárdenas Rioseco sin duda fue un abogado ejemplar. Jamás dejó de defender, de apoyar, de encontrar, de buscar, por todos los medios jurídicos a su alcance, la justificación, o la adecuación, de una conducta que probara de manera plena que los ilícitos por los que se acusaba a sus clientes no correspondían al tipo señalado por la ley y, por ende, siempre buscó la mejor defensa en su favor. Manejó casos de alto impacto, no sólo con sapiencia jurídica sino también con genial elegancia. Fue un excepcional y valiente litigante.

Me he referido a Raúl F. Cárdenas Rioseco como un extraordinario abogado y tratadista de excepción. Sin embargo, también debo dar al menos un vislumbre del hombre privado.

Cada quien encuentra en el largo o corto trecho de su vida su personaje inolvidable. Para su servidor, sin duda, fue Raúl. Qué difícil y estrujante resulta comprobar en el espectro vital que el esplendente y aterrante fenómeno existencial realmente es efímero.

Cuando en el curso de una vida se ha estado tan ligado a otra, no es posible entender que el amigo, el hermano mayor para el que escribe estas líneas, Raúl Cárdenas, ha partido al conjuro sideral, para dejarnos huérfanos de un sólido afecto, enriquecido por un sinfín de vivencias.

De nuestro encuentro en el contexto de los congresos de la Barra Mexicana nació una sólida amistad, que se extendió a la de nuestras respectivas esposas y que afortunadamente duró muchos años, hasta que la muerte se llevó su cuerpo, pero no el recuerdo y la devoción por su singular talento, ni tampoco la excepcional cultura y la amistad que, sin recato, siempre prodigaba este ser singular que hoy suspende el diálogo, el cual seguramente continuaremos en una dimensión diferente.

Puedo sostener, porque me consta personalmente, que el máximo acierto de su prolífica vida fue compartir 30 años al lado de una talentosa y encantadora mujer: doña Ana Cristina Arana de Cárdenas, a quien doy las gracias por permitirnos gozar de su afecto y de su cariño. Vaya para nuestra querida Ana Cristina nuestro sentimiento de solidaridad por una pérdida de tal magnitud. Compartimos tu pesar.

Todos los conocimientos de Raúl los matizaba y los exteriorizaba en innumerables charlas, todas gratas e inolvidables por el gran sentimiento de entrega y de enseñanza que nos dejaban.

No otra cosa hizo en su meteórica existencia: dejar una imborrable huella en nuestro Derecho penal y en nuestros corazones. Lamentablemente, su vida se apagó cuando más la disfrutábamos, pero nos quedan sus obras literarias, su ejemplo y, sobre todo, el imborrable recuerdo de su amistad.

Se ha ido para siempre el amigo excepcionalmente querido. Sólo me queda invocar su luminoso recuerdo, en el réquiem de una oración, para decirle que no será olvidado jamás.

Adiós, Raúl. Allá, como aquí, seguirás gozando de la gracia que te ganaste a pulso, con tu manirrota bondad. Gracias por habernos permitido gozar de tu invariable afecto.

 


 

* Abogado penalista y miembro del Consejo Directivo de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, A.C.

 

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