La enseñanza del Derecho

La enseñanza del Derecho

 

¿Qué elementos se deben considerar para hacer que la enseñanza del Derecho garantice la formación de excelentes abogados? Para el autor, no basta con el aula magistral, la interacción académica profesor-estudiante, el abordaje de casos, la visión interdisciplinaria teórico-práctica o el impulso necesario para convivir con la realidad social y profesional.

 

 

El tema de la educación implica su estudio como el conocimiento contemplativo, sistematizado, universal y último del proceso de aprendizaje (en el proceso enseñanza-aprendizaje, en un contexto educativo e inclusive en la individualidad experimental o reflexiva).

Abarca los procesos de instrucción, personalización y socialización del conocimiento. Su tratamiento implica abordar una actividad fundamental para el progreso de la humanidad, pues a través de él nuestra especie es capaz de desvelar el conocimiento, desarrollar sus propios valores, definir o redefinir sus experiencias ante las circunstancias paradigmáticas de los tiempos y transmitirlos de una generación a otra. Es un proceso social que implica, además, una retroalimentación, un intercambio entre sus participantes. Quien recibe el conocimiento debe tener una participación activa y no pasiva frente a él.

El hecho de fortalecer el uso del raciocinio a través del proceso educativo y el descubrir la irrevocable vocación de la humanidad de acudir a sus causas últimas y analizar su razón metafísica, es lo que permite a nuestro pensamiento —plasmado en conocimientos, técnicas y tecnologías— orientar su perfeccionamiento trascendente y transmitirlo a la comunidad para su crítica y, en su caso, seguimiento.

El ejercicio de la razón permite formar el conocimiento, romper preconcepciones y avanzar como especie en la comprensión y la proyección de nuestra humanidad. Los cuestionamientos por ella (la razón) producidos pueden ser muy severos, pero son indispensables.

Pensemos en la siguiente posibilidad ejemplificativa. Se afirma comúnmente que el hombre encabeza la pirámide evolutiva —al menos en el mundo animal— gracias a que cuenta con inteligencia racional, además de la vegetativa y la sensitiva de las cuales también están dotadas otras especies. Cuando hablamos del hombre nos referimos a la especie Homo sapiens. ¿Mas que pasa si ello —en principio— no siempre fue así? Abundando, desde una visión antropológica, hace dos millones de años aparecieron los primeros entes de la especie Homo. Dentro de ellas destacarían —por su grado de inteligencia— dos: el Homo sapiens y el Homo neanderthalensis. El último, el Neanderthal, habitó la Tierra hace 230,000 años y se extinguió hace 28,000 años. Por su parte, hace 300,000 años surgió el Homo sapiens. Durante mucho tiempo se ha pensado que de las dos especies el Homo sapiens tuvo mejores condiciones de supervivencia derivadas de su mayor inteligencia. Sin embargo, descubrimientos recientes apuntan a que el Neanderthal era bastante inteligente: tenía un lenguaje, poseía una cultura, tenía complejos —para la época— instrumentos de caza y pesca. En esa tesitura, ¿qué pasaría si descubriésemos un día que el Neanderthal, al menos en los tiempos en que habitó nuestro planeta conjuntamente con el Homo sapiens, era el ser más inteligente y no este último? Nuestro paradigma del conocimiento se modificaría. Esta hipótesis fantástica no hace otra cosa diferente que resaltar la importancia del proceso educativo, pues el descubrimiento provocador de esta revolución científica sería precisamente la enseñanza y la aplicación de los aprendizajes.

El Derecho no está exento de esta dinámica. Lo que antes se consideraba normalidad cultural recogida en las normas legales (esclavitud, discriminación contra la mujer, ley del talión, tortura, etcétera) hoy se sanciona por las leyes y los precedentes judiciales como graves violaciones a los derechos humanos, protegiéndose positivamente a través de garantías que las eviten, en un reconocimiento cada vez más extenso a la dignidad humana desde la Constitución, las normas que de ella emanan y los tratados internacionales —aun en un parámetro extendido de regularidad constitucional—.

Las disciplinas del conocimiento no están distantes de complejos cuestionamientos sobre sus propios contenidos. En el caso de la ciencia jurídica, lo anterior permite hacer interrogantes tales como —por citar ejemplos problemáticos— si el Derecho ha acompañado al hombre en toda su existencia, si un día dejará de hacerlo, si el Estado es la formación última de la sociedad, si una formación estatal indispensablemente requiere el orden jurídico, etcétera.

Estos intríngulis permiten establecer un panorama sobre lo que hoy y siempre debe procurar la enseñanza del Derecho: enseñar a potencializar el razonamiento crítico; esto es, el modo de pensamiento que mantiene vigente la capacidad de duda y, como respuesta, la innovación racional y coherente ante los signos de los tiempos que el Derecho debe regular en una sociedad determinada, en el contexto histórico de los paradigmas del conocimiento. Como explica Eisenmann, la enseñanza jurídica debe diseñarse para abarcar todos los problemas relativos al Derecho.1 Para que eso ocurra se requieren al menos tres elementos: estudiantes, profesores e instituciones de enseñanza.

Todos ellos conforman el círculo de actores del proceso educativo. Sin duda hay quienes privilegian a unos u a otros,2 mas la integralidad de agentes (estudiantes, profesores e instituciones de enseñanza) es igualmente relevante, ya que las deficiencias o las fortalezas respectivas tienen una relación directamente proporcional en cada uno. Es necesario, eso sí, lograr en todos una vocación por la excelencia desarrollada a partir del amor por el conocimiento.

Ahora bien, pensando en la excelencia, vale la pena considerar la siguiente pregunta: ¿cuál es el estado actual y cuál el futuro del Derecho? Su respuesta requiere reflexionar qué entendemos por Derecho hoy y qué en lo venidero. A partir de lo anterior se podrá pensar luego en definir qué enseñamos ahora y qué queremos enseñar en adelante, así como qué queremos enseñar hoy y mañana.3

Al respecto considero que es posible ofrecer una aventurada respuesta conjunta. Sin dejar de lado las diversas concepciones teóricas, desarrolladas en este contexto,4 el Derecho es, para la visión contemporánea de la ciencia,5 un conjunto de normas (reglas de conducta estimadas obligatorias en un contexto de autoridad más o menos organizado territorialmente, aun con fronteras difusas).

En este sentido, lo que debemos enseñar es precisamente esta idea de Derecho, mas las exposiciones al respecto no se concentrarán en afirmaciones dogmáticas, sino precisamente en la mutabilidad cultural del fenómeno jurídico, únicamente engarzado en los imperecederos principios de la ciencia del Derecho y, aún antes, en esa compleja visión de lo que es la ciencia y, con anticipación, el conocimiento y su verdad o falibilidad.

Estos elementos, considero, conviene integrarlos en una idea de pensamiento crítico. Esto es, en la inmersión en el conocimiento en general y en particular con base en un ejercicio de razón analítica de fuentes del conocimiento, de sus límites y de su contenido, desarrollada con un enfoque interdisciplinario en el cambiante contexto cultural de los tiempos.

Lograr esta posición requiere condiciones, para los profesores, de pluralismo, libertad de cátedra, desarrollo de investigación reflexiva e innovadora. Para las instituciones educativas implica contar con una planta docente competente, planes de estudios que conjunten la enseñanza teórica y práctica y que incluyan nuevas disciplinas, adecuados con su propuesta de formación de habilidades y competencias, así como condiciones materiales para la gestión educativa. En el caso de los estudiantes, al menos deberá contarse con apertura al conocimiento. Además, de los estudiantes se requiere deseo de aprender, aptitudes y actitudes favorables al estudio y el aprendizaje, asumir una posición activa que no se limite a la memorización, y compromiso con las exigencias de la excelencia. Requiere también, en todos los casos, ajustarse a las condiciones de los tiempos.6 En el caso conjunto de los tres agentes educativos (estudiantes, profesores e instituciones de enseñanza) hay elementos comunes: ética, humildad y apertura.

El proceso educativo b-learning, los algoritmos digitales para la enseñanza, el autoestudio, las cátedras abiertas a través de tutoriales, y otros fenómenos contemporáneos, no pueden ser ajenos al proceso educativo jurídico, si bien deberán ponderarse en las circunstancias de cada propuesta de enseñanza; sin perder de vista que el uso de nuevas técnicas de enseñanza requiere, además, una preparación previa para los profesores.7 Es indispensable ofrecer respuestas oportunas, racionales y congruentes, mismas que precisan de un paso esencial: preocuparse por el fenómeno educativo, actividad no necesariamente muy socorrida por los abogados,8 y dotarlo de diversos prismas de aproximación.9

Para lograr la consolidación del Estado de Derecho en nuestro país es indispensable comprometernos con la excelencia en la formación de los futuros abogados, puesto que ésta tiene una relación directa con la calidad de nuestro sistema de justicia. En el informe sobre México realizado por el Relator Especial sobre la independencia de magistrados y abogados encontramos una conclusión desoladora: las causas de las deficiencias de nuestro sistema de administración de justicia podrían encontrarse en la desorganización de la enseñanza del Derecho, en la falta de capacitación para ejercer la profesión jurídica así como en su descoordinación y en la falta de procesos disciplinarios que garanticen la rendición de cuentas.10 Para atender esta preocupación, el relator recomendó al gobierno iniciar un estudio sobre el sistema de enseñanza y de las titulaciones necesarias para ejercer la profesión jurídica en nuestro país, tanto a nivel local como federal.11

En conclusión, ante la necesidad de contar con una visión desveladora del conocimiento por los desafíos que se exigen a los abogados y a los estudiantes en formación, es importante tener la presencia de un compromiso agrandado. No basta con el aula magistral, la interacción académica profesor-estudiante, el abordaje de casos, la visión interdisciplinaria teórico-práctica o el impulso necesario para convivir con la realidad social y profesional. Es necesario hacer uso de la razón con una visión crítica, en el contexto del ejercicio efectivo del pensamiento, no sólo aprendiendo a razonar sino razonando. El aula, la cátedra y el aprendizaje son magníficos lugares para hacerlo.

 


 

* Abogado por la Escuela Libre de Derecho, con especialidad en justicia constitucional y tutela jurisdiccional de los derechos en la Universidad de Pisa, y en derechos humanos en la Universidad de Castilla-La Mancha.

[1] Charles Eisenmann, “Los objetivos y la naturaleza de la enseñanza del Derecho” en Jorge Witker, Antología de estudios sobre la enseñanza del Derecho, México, UNAM, 1995, p. 53.

2 Se dice, por ejemplo, que es el cuerpo docente el responsable de los buenos resultados de la enseñanza jurídica, al tener a su cargo el diseño de planes de estudio y la impartición de las materias que lo componen. Owen Fiss, “El Derecho según Yale”, en La enseñanza del Derecho y el ejercicio de la abogacía, Barcelona, Gedisa, 1999, p. 28. Al contrario, me parece que todo lo anterior no puede dejar de lado que de nada sirven los mejores profesores y programas si los estudiantes no son motivados para interesarse en sus contenidos.

3 Estos diferentes aspectos serán desarrollados someramente por tratarse de un estudio introductor.

4 Véase Rodolfo Vázquez, “Concepciones filosóficas y enseñanza del Derecho”, Academia. Revista sobre Enseñanza del Derecho, año 6, núm. 12, 2008, pp. 221-237.

5 Esto es, un hombre del medioevo respondería de otra forma a esta pregunta y un individuo de los tiempos de las cavernas ni siquiera se haría este cuestionamiento.

6 Así es como en México se está modificando la impartición de la enseñanza del Derecho penal, no sólo en contenidos sino también adecuando espacios físicos requeridos para ella, en el contexto del sistema acusatorio penal. Se ha afirmado, con razón, que los métodos tradicionales de enseñanza requieren ser revisados constantemente. Carlos Palao Taboada, “La enseñanza del Derecho en la Universidad: presente y futuro”, Anuario de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, núm. 6, 2002, p. 128.

7 Héctor Fix-Zamudio, “Algunas reflexiones sobre la enseñanza del Derecho en México y Latinoamérica”, en Jorge Witker, Antología de estudios sobre la enseñanza del Derecho, México, UNAM, 1995, p. 83.

8 Juan Antonio Pérez Lledó, “Teoría y práctica en la enseñanza del Derecho”, Academia. Revista sobre Enseñanza del Derecho, año 5, núm. 9, 2007, p. 87.

9 Héctor Fix-Zamudio, “Docencia en las facultades de Derecho”, Boletín de El Colegio de Abogados de Guatemala, Guatemala, septiembre-diciembre de 1973, pp. 2-32.

10 Organización de las Naciones Unidas, Comisión de Derechos Humanos, “Los derechos civiles y políticos, en particular las cuestiones relacionadas con la independencia del Poder Judicial, la administración de justicia, la impunidad”. Informe del Relator Especial sobre la independencia de los magistrados y los abogados, Dato’Param Coomaraswamy, presentado de conformidad con la resolución 2001/39 de la Comisión de Derechos Humanos, adición, informe sobre la misión cumplida en México, E/CN.4/2002/72/Add.1, 24 de enero de 2002, p. 41.

11 Ibidem, p. 45.

  

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