La reforma laboral: aspectos claves para su aplicación

La reforma laboral: aspectos claves para su aplicación

 

Para Miguel Carbonell, las modificaciones que comprende la reciente reforma laboral suponen un verdadero parteaguas para trabajadores, patrones y sindicatos, así como un desafío enorme de reaprendizaje para los profesionales del Derecho que se dedican a los temas laborales. Por ello nos ofrece algunos puntos clave que no deben pasarse por alto en su aplicación.

  

Hacía casi 50 años que no se había producido una reforma tan extensa y tan profunda en materia laboral en México como la publicada en el Diario Oficial de la Federación el 1° de mayo de 2019.

La reforma permite acatar un mandato constitucional publicado el 27 de febrero de 2017 que suscitó (cabe recordarlo) la aprobación unánime de los legisladores integrantes del Congreso de la Unión. Además, con la reforma ya aprobada, México da cumplimiento a tratados internacionales suscritos por nuestro país en materia de reconocimiento a los derechos de las personas que son trabajadoras domésticas y en materia de libre comercio (en el T-MEC, que será el instrumento que debe sustituir al TLCAN, se incluyeron previsiones relacionadas con los asuntos sindicales).

Aunque sería imposible intentar resumir el contenido tan amplio y variado de la reforma laboral, creo que es importante que consideremos algunos de sus aspectos más relevantes, los cuales sin duda alguna merecerán un análisis más detallado y —en muchos casos— un trabajo de definición por parte de la jurisprudencia de nuestros tribunales federales.

Así pues, considero que las principales novedades que trae consigo la reforma son las siguientes:

 

1. Van a desaparecer las juntas de conciliación y arbitraje que habían sido creadas por el Congreso Constituyente de Querétaro en 1917 (a nivel federal la junta de conciliación fue creada 10 años después, en 1927). En un plazo de tres años contados a partir de la entrada en vigor del decreto de reforma deberán establecerse tribunales laborales en cada una de las 32 entidades federativas (véase el artículo transitorio quinto del decreto de reforma laboral) y en un plazo de cuatro años deberán estar funcionando los nuevos tribunales a nivel federal en la materia (véase el artículo transitorio sexto del decreto de reforma laboral).

Recordemos que la fracción XX del apartado A del artículo 123 dispone que “la resolución de las diferencias o los conflictos entre trabajadores y patrones estará a cargo de los tribunales laborales del Poder Judicial de la Federación o de las entidades federativas […] Sus sentencias y resoluciones deberán observar los principios de legalidad, imparcialidad, transparencia, autonomía e independencia”.

En correspondencia con el mandato constitucional, el nuevo artículo 604 de la Ley Federal del Trabajo señala:

“Corresponde a los tribunales del Poder Judicial de la Federación o [a] los tribunales de las entidades federativas, el conocimiento y la resolución de los conflictos de trabajo que se susciten entre trabajadores y patrones, sólo entre aquellos o sólo entre éstos, derivado de las relaciones de trabajo o de hechos relacionados con ellas.

”En su actuación, los jueces y secretarios instructores deberán observar los principios de legalidad, imparcialidad, transparencia, autonomía e independencia”.

Los concursos para designar a los titulares de esos órganos judiciales serán abiertos, para que pueda participar cualquier profesionista que reúna los requisitos de ley, incluyendo, desde luego, a quienes se hubieran desempeñado como integrantes de las juntas de conciliación y arbitraje (véase el artículo transitorio décimo quinto del decreto de reforma laboral).

 

2. Se crea un nuevo Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral, que tendrá importantes atribuciones en relación con los sindicatos y, además, se hará cargo del proceso de conciliación obligatorio a nivel federal, que es otra de las grandes novedades de la reforma. Por lo tanto, se produce una separación entre la función conciliadora (que atenderán autoridades administrativas) y la función judicial (a cargo de los tribunales mencionados en el punto anterior).

La base constitucional de la figura de la conciliación obligatoria está en el artículo 123, apartado A, fracción X, en cuyo párrafo segundo se señala lo siguiente: “Antes de acudir a los tribunales laborales, los trabajadores y patrones deberán asistir a la instancia conciliatoria correspondiente. En el orden local, la función conciliatoria estará a cargo de los Centros de Conciliación, especializados e imparciales, que se instituyan en las entidades federativas. Dichos centros tendrán personalidad jurídica y patrimonio propios. Contarán con plena autonomía técnica, operativa, presupuestaria, de decisión y de gestión. Se regirán por los principios de certeza, independencia, legalidad, imparcialidad, confiabilidad, eficacia, objetividad, profesionalismo, transparencia y publicidad. Su integración y funcionamiento se determinará en las leyes locales”.

El párrafo cuarto de la misma fracción X añade que “en el orden federal, la función conciliatoria estará a cargo de un organismo descentralizado”.

En el nuevo texto de la Ley Federal del Trabajo encontramos la regulación de la instancia federal encargada de la tarea conciliadora en los artículos 590-A a 590-D, mientras que la regulación de los organismos a nivel local está en los artículos 590-E y 590-F.

La institución federal se llama Centro Federal de Conciliación y Registro Federal y será competente “para substanciar el procedimiento de la conciliación que deberán agotar los trabajadores y patrones, antes de acudir a los tribunales” (artículo 590-B, párrafo tercero). Este centro estará encabezado por un director general, el cual será designado por el Senado de la República, por el voto de las dos terceras partes de los senadores presentes en la sesión correspondiente, a partir de una terna que hará llegar al órgano legislativo el presidente de la República (véase el artículo 123, apartado A, fracción XX, párrafo sexto).

La regulación detallada del Centro Federal de Conciliación y Registro Federal se establecerá en la ley orgánica que emita el Congreso de la Unión (véase el artículo segundo transitorio del decreto de reforma laboral). El centro contará con una junta de gobierno integrada por varios titulares de diversas secretarías de Estado y de distintos órganos constitucionales autónomos; tendrá delegaciones en todas las entidades federativas y contará con un estatuto orgánico que debe ser aprobado por la junta de gobierno (véase el artículo 590-D de la Ley Federal del Trabajo).

La regulación del funcionamiento de la conciliación obligatoria se encuentra en el nuevo título 13 bis de la Ley Federal del Trabajo (el cual comienza a partir del artículo 684-A).

La obligación de asistir al Centro Federal de Conciliación y Registro Federal es tanto para los trabajadores como para los patrones (artículo 684-B), aunque hay algunos casos en que esa obligación no se tiene que observar, puesto que la ley contempla algunas excepciones (véase el contenido del artículo 685 ter).

El procedimiento conciliatorio no debe durar más de 45 días naturales, que es un plazo bastante prolongado (artículo 684-D). La ley salvaguarda todo lo actuado en el procedimiento conciliatorio, para efecto de evitar que pueda ser utilizado con posterioridad en cualquier otro procedimiento judicial o administrativo (artículo 684-C, párrafo tercero). Para decirlo de manera simple, “lo dicho en la conciliación se queda en la conciliación”, con excepción de la “constancia de no conciliación” y, en su caso, del convenio conciliatorio.

La previsión de un mecanismo de conciliación al que se tiene que acudir antes de plantear un asunto ante los tribunales laborales es muy loable. Si las autoridades competentes hacen bien su trabajo, tanto los trabajadores como los patrones tendrán muchas ventajas, pues podrán resolver con celeridad y a bajo costo muchas disputas en materia laboral.

Será clave que los responsables de conducir el procedimiento conciliatorio se tomen en serio la indicación contenida en la fracción VIII del artículo 684-E cuando señala entre sus obligaciones la de formular “una propuesta de contenido y alcances de un acuerdo conciliatorio, planteando opciones de solución justas y equitativas que a su juicio sean adecuadas para dar por terminada la controversia…” Puede parecer una parte insignificante, dentro de una fracción aislada de la ley, pero si entre todos podemos hacerla realidad, el Derecho laboral mexicano habrá avanzado mucho. Ojalá los conciliadores tengan el talento, la preparación, los recursos técnicos y hasta la imaginación para llevarlo a la práctica.

Además, el mecanismo conciliatorio debe servir para evitar que los tribunales laborales se colapsen por los miles y miles de asuntos que surgen cada año en esa materia. Quienes tengan experiencia en el litigio laboral saben que ante las juntas de conciliación y arbitraje se desahogan simultáneamente varias audiencias (en las oficinas de la junta local de la Ciudad de México he visto la realización hasta de 15 audiencias al mismo tiempo, en esas ventanillas que se asemejan a las de los bancos y ante las cuales nos apretamos los representantes de las partes y las propias partes cuando tienen que desahogar una diligencia).

Pero ahora, con el nuevo procedimiento, se exige la presencia permanente del juez, lo que va a tener como consecuencia que se pueda desahogar solamente una audiencia a la vez (el artículo 720, párrafo segundo, de la Ley Federal del Trabajo, señala que “las audiencias serán presididas íntegramente por el juez; de incumplirse esta condición las actuaciones serán nulas de pleno derecho”).

Si no somos capaces de “filtrar” un número importante de asuntos en la etapa de conciliación seguramente tendremos en el corto plazo un rezago enorme en la impartición de justicia laboral. Por eso, y por las muchas ventajas que trae consigo, hay que apostarle en serio a la conciliación. Su éxito va a depender en altísima medida del trabajo serio y responsable de las autoridades, pero también de la adecuada asesoría que le presten los abogados a trabajadores y patrones. Los integrantes de la profesión jurídica constituyen un eslabón esencial para que los asuntos no tengan que pasar necesariamente ante los tribunales laborales y agotar las respectivas formalidades.

Recordemos que la conciliación, así como los demás medios alternativos de solución de controversias, posee varias ventajas que vale la pena considerar. Entre ellas están las siguientes:

a) Llevan menos tiempo que un procedimiento judicial.

b) Son más baratos, puesto que las partes ahorran los gastos que siempre conlleva ir a un juicio.

c) Permiten un mayor número de soluciones, en función de los planteamientos que se sirva ir construyendo el conciliador.

d) Atienden los intereses de todas las partes y no sólo los intereses de la parte ganadora.

e) Permiten que exista un contexto de comunicación entre las partes.

f) Son más fáciles de ejecutar; respecto de la ejecución de los acuerdos conciliatorios en materia laboral, tomemos en cuenta que la fracción XIII del artículo 684-E de la Ley Federal del Trabajo determina que, “una vez que se celebre el convenio ante los Centros de Conciliación, adquirirá la condición de cosa juzgada, teniendo la calidad de un título para iniciar acciones ejecutivas sin necesidad de ratificación. Cualquiera de las partes podrá promover su cumplimiento mediante el procedimiento de ejecución de sentencia que establece esta ley, ante el tribunal competente”.

En relación con los medios alternativos de solución de controversias, es interesante tomar en cuenta lo señalado por el siguiente criterio de nuestros tribunales federales:

acceso a los mecanismos alternativos de solución de controversias, como derecho humano. goza de la misma dignidad que el acceso a la jurisdicción del estado. Los artículos 17, segundo párrafo, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, 8 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, y 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, reconocen a favor de los gobernados el acceso efectivo a la jurisdicción del Estado, que será encomendada a tribunales que estarán expeditos para impartir justicia, emitiendo sus resoluciones de manera pronta, completa e imparcial; en ese sentido, la Constitución federal, en el citado artículo 17, cuarto párrafo, va más allá y además de garantizar el acceso a los tribunales previamente establecidos, reconoce, como derecho humano, la posibilidad de que los conflictos también se puedan resolver mediante los mecanismos alternativos de solución de controversias, siempre y cuando estén previstos por la ley. Ahora bien, en cuanto a los mecanismos alternativos de solución de controversias, se rescata la idea de que son las partes las dueñas de su propio problema (litigio) y, por tanto, ellas son quienes deben decidir la forma de resolverlo, por lo que pueden optar por un catálogo amplio de posibilidades, en las que el proceso es una más. Los medios alternativos consisten en diversos procedimientos mediante los cuales las personas puedan resolver sus controversias, sin necesidad de una intervención jurisdiccional, y consisten en la negociación (autocomposición), la mediación, la conciliación y el arbitraje (heterocomposición). En ese sentido, entre las consideraciones expresadas en la exposición de motivos de la reforma constitucional al mencionado artículo 17, de 18 de junio de 2008, se estableció que los mecanismos alternativos de solución de controversias ‘son una garantía de la población para el acceso a una justicia pronta y expedita [...] Permitirán, en primer lugar, cambiar al paradigma de la justicia restaurativa, propiciarán una participación más activa de la población para encontrar otras formas de relacionarse entre sí, donde se privilegie la responsabilidad personal, el respeto al otro y la utilización de la negociación y la comunicación para el desarrollo colectivo’; ante tal contexto normativo, debe concluirse que tanto la tutela judicial como los mecanismos alternos de solución de controversias se establecen en un mismo plano constitucional y con la misma dignidad y tienen como objeto idéntica finalidad, que es resolver los diferendos entre los sujetos que se encuentren bajo el imperio de la ley en el Estado mexicano” [registro: 2004630].

 

3. El nuevo texto de la Ley Federal del Trabajo ordena que se revisen, en un plazo máximo de cuatro años, todos los contratos colectivos de trabajo que existen en el país. El contenido contractual que emane de esa revisión será depositado ante el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral y dado a conocer de forma impresa a todos los trabajadores (véase el artículo undécimo transitorio del decreto de reforma laboral).

Esta medida, además de ser resultado de los compromisos laborales suscritos por el Estado mexicano en el T-MEC, sirve para hacer realidad el último párrafo de la fracción XVIII del apartado A del artículo 123 constitucional, que señala: “Cuando se trate de obtener la celebración de un contrato colectivo de trabajo se deberá acreditar que se cuenta con la representación de los trabajadores”.

El artículo undécimo transitorio del decreto de reforma laboral establece que los nuevos contratos colectivos que surjan como resultado de la citada revisión deben contar con el respaldo de la mayoría de los trabajadores. Para ello, se les consultará y emitirán su voto de forma personal, libre y secreta.

El procedimiento de consulta será el establecido por el artículo 390 ter de la Ley Federal del Trabajo, el cual señala una serie detallada que hay que seguir para la realización de la consulta a los trabajadores y prevé diversos escenarios en el caso de que se apruebe la propuesta de contrato colectivo o resulte rechazada.

En cualquier caso, todo lo relativo a los contratos colectivos de trabajo se centraliza en el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral, que adquiere un gran poder sobre la vida sindical del país. El artículo 590-B, párrafo cuarto, señala que el centro será competente “para operar el registro de todos los contratos colectivos de trabajo, reglamentos interiores de trabajo y organizaciones sindicales, así como todos los procedimientos administrativos relacionados”.

En el mismo tema de las cuestiones sindicales, otra novedad interesante es que se crea una figura llamada “constancia de representatividad sindical”, la cual busca asegurar que los sindicatos que pretendan ejercer derechos colectivos, como el derecho de huelga o de contratación colectiva, en verdad cuenten con el respaldo de los trabajadores y no sean puros membretes creados para extorsionar a las empresas. La regulación de dicha figura puede verse en el artículo 390-BIS de la ley.

 

4. Se crean nuevas reglas para el trabajo doméstico, a efecto de que las personas que lo desempeñan cuenten con los beneficios de la seguridad social y puedan ejercer su derecho colectivo de sindicación o, en el caso de los patrones, de agrupación patronal.

Es importante considerar que, a partir de la entrada en vigor de la ley, el texto de la fracción IV del artículo 337 señala que, respecto de los trabajadores del hogar, el patrón tiene la obligación de “inscribir a la parte trabajadora al Instituto Mexicano del Seguro Social y pagar las cuotas correspondientes conforme a las normas aplicables en la materia”.

El tema había sido analizado y resuelto en parte por la segunda sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en la sentencia de los amparos directos 8/2018 y 9/2018, cuya lectura recomiendo para entender cabalmente el tema de la regulación del trabajo en el hogar.

También es relevante considerar que el funcionamiento pleno del régimen de seguridad social para los trabajadores del hogar va a requerir la previa adopción de ciertas modificaciones normativas, como lo establece el artículo transitorio vigésimo quinto del decreto de reforma laboral.

El tema del trabajo doméstico también está regulado en el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

 

5. Se crea un nuevo procedimiento laboral ordinario en el que se refuerzan los elementos de oralidad que ya existían (el nuevo párrafo cuarto del artículo 720 de la Ley Federal del Trabajo señala que “la intervención de quienes participen en ellas [se refiere a las audiencias] será en forma oral”) y se contempla el uso de las nuevas tecnologías para hacerlo más dinámico (incluyendo las videoconferencias para desahogar diligencias judiciales), abreviando los tiempos procesales que en la actualidad suelen ser muy largos.

El texto de la nueva regulación laboral prevé las notificaciones electrónicas a las partes, realizadas a través de una plataforma digital. Para hacerlas, se creará un “buzón electrónico” para uso de las partes, las cuales podrán (para su mayor comodidad y, en general, para la celeridad procesal en la que todos estamos interesados) señalar que se les notifique por esa vía. Las notificaciones vía buzón electrónico se podrán realizar desde la etapa de conciliación (véase la fracción IV del artículo 739 ter, así como los artículos 742 bis, 742 ter, 744, 745 ter, y 747, fracción IV).

El emplazamiento a juicio y la primera notificación para la audiencia de conciliación prejudicial siempre se harán de manera personal (véase el contenido del artículo 739; el artículo 742 contiene un listado de otras notificaciones que también se deberán realizar de manera personal). Asimismo, se prevé el uso de la firma electrónica en el proceso laboral (véase, por ejemplo, lo señalado por el artículo 739 bis, párrafo tercero).

En particular, sobre el tema del emplazamiento, considero importante revisar el nuevo penúltimo párrafo del artículo 743, que puede servir para evitar ciertos “fraudes” o “trampas procesales”, por medio de los cuales —en el pasado— se obtuvieron ventajas ilegítimas en el proceso laboral, por supuestos emplazamientos “fantasmas” que se aseguró haber realizado sin que así fuera en la realidad, o sobre la base de que el actuario no pudo emplazar a la empresa demandada y de ahí se pretendió extraer esas mismas ventajas procesales.

Se va a exigir la presencia permanente del juez en las audiencias (ya hemos citado, al respecto, el párrafo segundo del artículo 720 de la ley; en el mismo artículo, el párrafo quinto establece que “el juez recibirá por sí mismo las declaraciones y presidirá todos los actos de prueba bajo su más estricta y personal responsabilidad”) y las partes podrán interrogar con libertad a los testigos, sin tener que someter por escrito sus preguntas al órgano jurisdiccional para que las califique de legales, como sucede actualmente. El artículo 790 señala, respecto del desahogo de la prueba confesional, que “las preguntas y/o posiciones se formularán de forma oral en el momento de la audiencia mediante interrogatorio abierto, sin presentación de pliegos; deberán referirse a los hechos controvertidos en términos claros y precisos, que puedan ser entendidos sin dificultad y cuyo fin sea esclarecer la verdad de los hechos” (fracción I).

De hecho, el propio juzgador “podrá interrogar libremente a las partes y a todos aquellos que intervengan en el juicio sobre los hechos y circunstancias que sean conducentes para averiguar la verdad” (artículo 782, párrafo segundo). Se prevé también el desahogo de pruebas que requieran la absolución de posiciones a través de un sistema de videoconferencia (artículo 791), como sucede también en materia penal.

Las actuaciones judiciales quedarán registradas por medios electrónicos, a efecto de garantizar la fidelidad y la integridad de la información presentada en las audiencias, la conservación y la reproducción de su contenido y el acceso al mismo de quienes conforme a la ley pueden tenerlo (véase el artículo 721, párrafo segundo, de la ley).

Todo lo anterior va a permitir un proceso laboral mucho más dinámico y moderno, que se va a parecer a lo que ya tenemos en materia mercantil, penal o de Derecho familiar.

 

6. Las empresas tendrán que asegurarse de avisar por escrito a los trabajadores que despidan (de manera directa o a través de la autoridad laboral [véase el artículo 47 de la ley]), ya que la negativa del despido y el ofrecimiento del puesto de trabajo (que es una estrategia procesal de defensa muy común en la actualidad) no van a revertir la carga de la prueba (véase lo que al respecto señala en sus dos párrafos la nueva fracción VI del artículo 784 de la ley, así como el último párrafo del artículo 47).

Con independencia de las grandes perplejidades que genera el hecho de que la ley prevea una carga probatoria respecto de hechos negativos (lo cual ya de por sí es problemático, incluso hasta desde el punto de vista lógico), los patrones deben buscar asesoría jurídica para evitar juicios costosos por este motivo. En este tema, como en otros del contenido de la nueva regulación laboral, se va a requerir una interpretación muy fina por parte de las autoridades judiciales, con el fin de no desequilibrar el proceso y generar consecuencias negativas para las partes.

Recordemos que, en relación con el tema de la carga de la prueba en general (no enfocados de manera exclusiva en el procedimiento laboral), hay interesantes e importantes criterios de nuestros tribunales federales. Por ejemplo, los siguientes:

carga de la prueba. su distribución a partir de los principios lógico y ontológico. El sistema probatorio dispuesto en el Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal acoge los principios lógico y ontológico que la teoría establece en torno a la dinámica de la carga de la prueba, cuyos entendimiento y aplicación facilitan la tarea del juzgador, pues permite conocer de qué forma se desplazan dichas cargas, en función de las posiciones que van tomando las partes de acuerdo a las aseveraciones que formulan durante el juicio. Ahora bien, el principio ontológico parte de la siguiente premisa: lo ordinario se presume, lo extraordinario se prueba, y se funda, en que el enunciado que trata sobre lo ordinario se presenta, desde luego, por sí mismo, con un elemento de prueba que se apoya en la experiencia común; en tanto que el aserto que versa sobre lo extraordinario se manifiesta, por el contrario, destituido de todo principio de prueba; así, tener ese sustento o carecer de él, es lo que provoca que la carga de la prueba se desplace hacia la parte que formula enunciados sobre hechos extraordinarios, cuando la oposición expresada por su contraria la constituye una aseveración sobre un acontecimiento ordinario. Por su parte, en subordinación al principio ontológico, se encuentra el lógico, aplicable en los casos en que debe dilucidarse a quién corresponde la carga probatoria cuando existen dos asertos: uno positivo y otro negativo, y en atención a este principio, por la facilidad que existe en demostrar el aserto positivo, éste queda a cargo de quien lo formula y libera de ese peso al que expone una negación, por la dificultad para demostrarla. Así, el principio lógico tiene su fundamento en que en los enunciados positivos hay más facilidad en su demostración, pues es admisible acreditarlos con pruebas directas e indirectas; en tanto que un aserto negativo sólo puede justificarse con pruebas indirectas; asimismo, el principio en cuestión toma en cuenta las verdaderas negaciones (las sustanciales) y no aquellas que sólo tienen de negativo la forma en que se expone el aserto (negaciones formales). De ahí que, para establecer la distribución de la carga probatoria, debe considerarse también si el contenido de la negación es concreto (por ejemplo, ‘no soy la persona que intervino en el acto jurídico’) o indefinido (verbigracia, ‘nunca he estado en cierto lugar’) pues, en el primer caso, la dificultad de la prueba deriva de una negación de imposible demostración, que traslada la carga de la prueba a la parte que afirma la identidad; mientras que la segunda es una negación sustancial, cuya dificultad probatoria proviene no de la forma negativa sino de la indefinición de su contenido, en cuyo caso corresponde a quien sostiene lo contrario (que el sujeto sí estuvo en cierto lugar en determinada fecha) demostrar su aserto, ante la indefinición de la negación formulada. Finalmente, en el caso de las afirmaciones indeterminadas, si bien se presenta un inconveniente similar, existe una distinción, pues en éstas se advierte un elemento positivo, susceptible de probarse, que permite presumir otro de igual naturaleza” [registro: 2007973].

carga de la prueba y derecho a probar. sus diferencias. No debe confundirse la oportunidad de ofrecer y desahogar pruebas, atinente a la defensa, con la carga probatoria, si se tiene en cuenta que la primera constituye un derecho —a probar— y la segunda es un deber procesal; asimismo, el derecho a probar es de naturaleza constitucional, en tanto el débito procesal es de naturaleza procesal e, incluso, es posterior al derecho fundamental de mérito; o sea, el derecho a probar es anterior y de entidad superior a la obligación procesal, siendo que derecho y obligación no son sinónimos dado que uno se ejerce en el procedimiento, tanto postulatorio como probatorio, mientras que la otra es objeto de examen por el juzgador hasta la sentencia o laudo; sin que deba validarse una decisión jurisdiccional de denegación de pruebas cuando suponga la imposición de un formulismo obstaculizador, o contrario a la efectividad del derecho a la prueba, ni subordinar la eficacia de ese derecho fundamental a otro tipo de intereses, como los de economía procesal, expeditez de los juicios, o el prejuzgamiento de la carga probatoria, cuando su decisión no es propia de la resolución que acepta pruebas sino de la sentencia o laudo, lo que significa que es ilegal anticipar la carga de la prueba a una de las partes al momento de decidir sobre su admisión o no, ni invocar algún otro formalismo que impida conocer el resultado de una prueba en detrimento del derecho a probar, que es uno de los que conforman el derecho humano al debido proceso; luego, si el derecho a probar es un derecho constitucional que atribuye a la persona el poder tanto de ejercerlo como de reclamar su debida protección, entonces su constitucionalización obedece a la relevancia procesal que adquiere la actividad probatoria, en la medida en que determina a las partes cuándo y cómo pueden probar los hechos del debate jurisdiccional, vinculando a todo juzgador a su observancia. Lo anterior, porque en la interpretación de las normas probatorias también es procedente la que permita la máxima actividad probatoria de las partes, prefiriendo, inclusive, el exceso en la admisión de pruebas, a la de una interpretación restrictiva, por cuanto en aquélla subyace la idea de aproximar y hasta de hacer coincidir la verdad histórica con la verdad que habrá de declararse en la sentencia, partiendo de la base de que la verdad es un derecho humano cuya restricción necesariamente debe justificarse y, por ende, la norma probatoria ha de interpretarse conforme al artículo 14 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en lo concerniente al derecho humano al debido proceso” [registro: 2010172].

prueba, carga de la, cuando la negativa de los hechos implica una afirmación. No toda negativa de los hechos base de una demanda hace recaer la carga de la prueba en la actora, pues hay que advertir que las negativas pueden implicar una afirmación, como cuando el demandado niega que haya dejado de pagar, pues tal negativa deja entrever la afirmación de que se ha hecho el pago; lo que se traduce en una afirmación que debe comprobarse por la demandada, conforme a la fracción I del artículo 282 del Código de Procedimientos Civiles del Distrito Federal” [registro: 245859].

prueba, carga de la. La carga de la prueba incumbe a quien de una afirmación pretende hacer derivar consecuencias para él favorables, ya que justo es que quien quiere obtener una ventaja, soporte la carga probatoria. En consecuencia, el actor debe justificar el hecho jurídico del que deriva su derecho. Así, la actora debe acreditar la existencia de una relación obligatoria. En el supuesto de que se justifiquen los hechos generadores del derecho que se pretende, la demandada tiene la carga de la prueba de las circunstancias que han impedido el surgimiento o la subsistencia del derecho del actor, puesto que las causas de extinción de una obligación deben probarse por el que pretende sacar ventajas de ellas” [registro: 215051].

 

En fin, son muchas las novedades que trae consigo la reforma. Se trata de un desafío enorme, que sin duda puede venir a transformar (para bien o para mal) la vida de los sindicatos mexicanos y afectará a millones de trabajadores mexicanos. Bienvenida sea la reforma. ¡A prepararnos para los muchos cambios que va a generar!

 

 


 

 

* Director del Centro de Estudios Jurídicos Carbonell, A.C.

 

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